La postura de Cristina Ruiz coloca el bienestar humano por encima de reformas incompletas.

Cristina Ruiz fijó una posición clara al señalar que el debate sobre la jornada laboral debe centrarse en las personas y no en los discursos políticos. Para ella, cualquier reforma que no cambie de fondo la rutina diaria de millones de trabajadores está destinada a fallar.

Desde su visión, reducir horas en el papel mientras se mantienen seis días laborales y se toleran jornadas extendidas solo traslada el problema sin resolverlo. Esa lógica, advirtió, perpetúa el agotamiento y deja intactas las condiciones que afectan la salud física y emocional.

Cristina Ruiz subrayó que el tiempo es uno de los recursos más valiosos para las familias. Sin descanso real, no hay convivencia, no hay salud y no hay equilibrio entre la vida personal y el trabajo, elementos esenciales para una sociedad sana.

Por ello, planteó que una reducción auténtica debe ser sencilla y directa: 40 horas efectivas distribuidas en cinco días de trabajo y dos de descanso, sin afectar salarios ni derechos, y con reglas claras que eviten abusos en horas extra.

Cristina Ruiz sostuvo que modernizar el mundo laboral implica tomar decisiones valientes que se reflejen en la vida cotidiana. Las reformas deben sentirse en casa, en la mesa y en el tiempo compartido, no quedarse como promesas que nunca llegan a la realidad.