Cristina Ruiz Sandoval sostiene que el gobierno dejó sin oportunidades a los jóvenes mientras concentró esfuerzos en mantenerse en el poder.

El problema ya no es de discurso, es de consecuencias. Una generación entera creció bajo la promesa de transformación y hoy enfrenta un escenario marcado por la falta de oportunidades, el estancamiento económico y la incertidumbre. Lo que se vendió como cambio terminó convirtiéndose en una pausa para el desarrollo de millones de jóvenes en México.

En ese contexto, Cristina Ruiz Sandoval lanzó una crítica frontal al señalar que el gobierno no solo falló en cumplir sus promesas, sino que dejó a la juventud sin rumbo. La líder del PRI Estado de México sostuvo que mientras se hablaba de transformación, en los hechos se cancelaban oportunidades y se debilitaban las condiciones para que las nuevas generaciones pudieran crecer.

La lectura política es clara: cuando un país deja de invertir en su juventud, compromete su futuro. Ruiz Sandoval planteó que no se trata únicamente de empleo o educación, sino de la falta de una estrategia integral que permita a los jóvenes construir un proyecto de vida. Sin crecimiento, sin certidumbre y sin incentivos, la consecuencia es una generación contenida.

El contraste es inevitable. Mientras Morena concentró su agenda en el poder y en el control político, los problemas estructurales quedaron sin atender. La narrativa de cambio se sostuvo en el discurso, pero en la práctica se tradujo en decisiones que limitaron el desarrollo y frenaron el dinamismo económico. El resultado es un país que no avanza al ritmo que sus jóvenes necesitan.

Ahí está el punto de fondo. No es solo una crítica, es una advertencia sobre lo que está en juego cuando se gobierna sin visión de futuro. Porque cuando una generación pierde oportunidades, no se trata de un sexenio, se trata de años que no regresan.