Cristina Ruíz Sandoval, presidenta del PRI Estado de México, señaló en conferencia que la propuesta no busca ahorrar, sino debilitar contrapesos y redirigir recursos con fines políticos.
La discusión ya no gira en torno a una simple reforma electoral, sino a quién controla las reglas del juego democrático. Lo que se presenta como un ajuste técnico ha terminado por exhibirse como una propuesta improvisada, con vacíos y errores que abren la puerta a un rediseño del sistema en favor del oficialismo.
En ese contexto, Cristina Ruiz Sandoval fijó una postura sin ambigüedades. La líder del PRI Estado de México sostuvo que el llamado “Plan B” no busca fortalecer la democracia, sino someterla. Desde su lectura, se trata de una maniobra para intervenir en las condiciones electorales ante un escenario donde el respaldo ciudadano ya no garantiza victorias al partido en el poder.
El fondo del debate, advirtió, no es jurídico sino político. Cuando una reforma nace mal diseñada, apresurada y sin consenso, el problema no es solo técnico, sino de intención. Para Ruiz Sandoval, lo que está en juego es la autonomía de las instituciones y la certeza de los procesos electorales, pilares que no pueden ponerse en riesgo por cálculos de coyuntura.
Ahí es donde aparece el contraste. Mientras Morena insiste en avanzar con una propuesta cuestionada, el costo se traslada a la confianza pública. La narrativa del oficialismo, centrada en supuestos ahorros y ajustes, choca con la realidad de un proyecto que debilita contrapesos y concentra poder. No es una reforma, es una reconfiguración del sistema a modo.
Lo que queda claro es que no se trata de un debate menor. Cuando las reglas se modifican para beneficiar a quien gobierna, la democracia deja de ser competencia y se convierte en simulación. Y ese es el punto que Cristina Ruiz Sandoval ha puesto sobre la mesa.
